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Erasmus El avión despegó a eso de las cuatro de la tarde. Mi madre me despidió con la típica llorera por aquel hijo que se marcha durante un año. – Ten cuidado, hijo mío, a ver si te va a pasar algo –decía con preocupación como lo haría cualquier madre,
Erasmus El avión despegó a eso de las cuatro de la tarde. Mi madre me despidió con la típica llorera por aquel hijo que se marcha durante un año. – Ten cuidado, hijo mío, a ver si te va a pasar algo –decía con preocupación como lo haría cualquier madre, y no le faltaba razón. Las madres siempre la tienen. 5 Para ella parecía que se acababa el mundo, para mí empezaba uno nuevo. Un mundo que se vislumbraba ante mis ojos como una gran oportunidad, donde por fin comenzaría mi independencia con veintitrés años. Un mundo lleno de posibilidades, de gente a la que conocer, de un idioma que aprender, y sobre todo, de una libertad que nunca antes había tenido. Por ese lado estaba bastante contento y me sentía un joven intrépido emprendiendo una 10 aventura, que al principio sería dura, pero que luego estaría llena de cosas positivas. Pero por otro lado estaba triste, por dejar atrás familia, amigos y una vida en la que ya estaba totalmente acomodado. Tenía miedo a la posible soledad, a no saber adaptarme a lo nuevo, a no ser aceptado por los demás, en definitiva, de no saber empezar desde cero. Mi mirada buscaba algún cómplice dentro del avión que estuviera en mi situación. 15 Mientras tanto, sobrevolábamos España, para pasar por Francia, hasta llegar a mi destino, Bélgica. Allí iba a pasar los siguientes nueve meses gracias a una beca1 Erasmus. Mucho era lo que había oído sobre ella, pero de momento no tenía experiencias. Nunca había visitado a ningún amigo, ni había vivido aquel ambiente del que tantos y tantos hablaban. Bueno, en verdad ya estaba viviendo las primeras. Ese sentimiento entre el miedo y la incertidumbre, que se mezclaba 20 con la ansiedad y la ilusión de algo nuevo y excitante en tu vida. Me detuve a pensar si me habría equivocado con la decisión que había tomado, pero debía ser valiente y saber esperar. Tener paciencia y probar. Por probar no se pierde nada. Si te sale mal, siempre te quedará tu casa y si te cae bien sólo te queda disfrutar y disfrutar, porque es una experiencia única que tiene fecha de caducidad. 25 Por aquella época estaba estudiando Comunicación Audiovisual y me quedaban pocas asignaturas para terminar. Aquel año era para aprovecharlo, ya que los anteriores los había dedicado bastante a la carrera, y este