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Volver a España El general Franco se está muriendo y la familia de la joven protagonista decide volver a España. Después de tantos años de inmovilidad, toda había empezado a cambiar muy deprisa para ellos, los españoles. Raquelita era pequeña, pero se daba cuenta. Se vuelven, se vuelven, se vulven,
Volver a España El general Franco se está muriendo y la familia de la joven protagonista decide volver a España. Después de tantos años de inmovilidad, toda había empezado a cambiar muy deprisa para ellos, los españoles. Raquelita era pequeña, pero se daba cuenta. Se vuelven, se vuelven, se vulven, ya se han vuelto. - Nos volvemos, dijo también su padre, y aunque él había nacido en Toulouse, y su mujer en Nimes, no podría haber utilizado otro verbo, decirlo de otra manera. Me voy la semana que viene, yo solo. Los demás se quedan hasta Navidad, mientras encuentro un piso, y le busco un colegio a la niña y eso. Como Raquel1 se queda sola con los críos y el trabajo le pilla tan lejos2, he pensado que se podrían quedar con vosotros estos meses. Era septiembre del 75, habían pasado el mes de agosto en Torre del Mar, y su padre había encontrado trabajo en España, no en Málaga, la ciudad del abuelo Aurelio, sino en Madrid, la ciudad del abuelo Ignacio. Su hermano Mateo era todavía tan pequeño que nunca tendría recuerdos de Paris, pero ella había cumplido ya seis años, y empezó a echarlo todo de menos3 antes de tiempo. - Pero, vamos a ver…, ¿por qué no te quieres ir? La abuela Anita picaba las nueces para la ensalada y vigilaba con gesto preocupado el silencio huraño4 de su nieta. Ya verás lo bien que vais a estar en Madrid, y por el colegio no te preocupes. ¿No te acuerdas de cómo lloraste cuando te conté que ya no ibas a volver a la guardería? ¿Y qué? Pues nada. Encontraste a Mademoiselle Françoise, que era tan simpática, y enseguida hiciste un montón de amigos. Pues en España igual, o mejor, porque es tu país. Nosotros somos españoles, ya lo sabes. Yo no, estuvo a punto de responder Raquelita, vosotros sí pero yo no, yo soy parisina, nací aquí y no me quiero ir, me da miedo irme, dejar a mis amigos, mi barrio, mi casa, el autobús, las calles, los programas de televisión. Eso pensó, y si se conformó con una queja modesta no fue porque sus seis años no le consintieran formular sus sentimientos con precisión, sino porque ya sabía, siempre había sabido, que en aquella casa estaba prohibido decir eso en voz alta. - Si por lo menos fuéramos a Málaga. Allí están