Aperçu du sujet
¡En qué mundo vive usted! En 1910, en la frontera entre Perú y Brasil, Roger Casement, cónsul británico, tiene una discusión con el cauchero(1) Víctor Israel. Víctor Israel vestía de manera estrafalaria, parecía siempre disfrazado, hablaba un inglés impecable y contaba con gracia su vida aventurera que parecía salida de
¡En qué mundo vive usted! En 1910, en la frontera entre Perú y Brasil, Roger Casement, cónsul británico, tiene una discusión con el cauchero(1) Víctor Israel. Víctor Israel vestía de manera estrafalaria, parecía siempre disfrazado, hablaba un inglés impecable y contaba con gracia su vida aventurera que parecía salida de una novela picaresca. Un buen día, Roger no recordaba a cuento de qué, Víctor Israel había hecho una apología de Julio C. Arana(2). El hombre estaba 5 sacando a la Amazonia del salvajismo e integrándola al mundo moderno. Defendió las « correrías », gracias a las cuales, dijo, todavía había brazos para recolectar el caucho. Porque el gran problema de la selva era la falta de trabajadores que recogieran esa preciosa sustancia con la que el Hacedor(3) había querido dotar a esta región y bendecir a los peruanos. Este « maná del cielo » se estaba 10 desperdiciando por la pereza y la estupidez de los salvajes que se negaban a trabajar como recogedores del látex y obligaban a los caucheros a ir a las tribus a traerlos a la fuerza. Lo que significaba una gran pérdida de tiempo y de dinero para las empresas. - Bueno, ésa es una manera de ver las cosas- lo interrumpió Roger Casement, con 15 parsimonia-. También hay otra. - ¿Qué quiere usted decir? - Me refiero al punto de vista de los que usted llama salvajes- explicó Casement, en tono trivial, como si hablara del tiempo o los mosquitos-. Póngase en su lugar por un momento. Están allí, en sus aldeas, donde han vivido años o siglos. Un buen día 20 llegan unos señores blancos o mestizos con escopetas y revólveres y les exigen abandonar a sus familias, sus cultivos, sus casas, para ir a recoger caucho a decenas o centenas de kilómetros, en beneficio de unos extraños, cuya única razón es la fuerza de que disponen. ¿Usted iría de buena gana a recoger el famoso látex, don Víctor? 25 - Yo no soy un salvaje que vive desnudo, adora a la yacumama(4) y ahoga en el río a sus hijos si nacen con el labio leporino- repuso el cauchero, con una risotada sardónica que acentuaba su disgusto-. ¿Pone usted en un mismo plano a los caníbales de la Amazonia y a los pioneros, empresarios y comerciantes que trabajamos en condiciones heroicas y nos jugamos la vida por convertir estos 30 bosques en