Aperçu du sujet
¡Menudo mentiroso! Las relaciones de su madre con su abuelo eran tensas y el abuelo hablaba con Carmen sólo Io imprescindible1. Acudía a la casa de Río de Oro (que era suya, del abuelo) una vez al mes, a buscar a Fede, en teoría para llevarlo a merendar, en realidad
¡Menudo mentiroso! Las relaciones de su madre con su abuelo eran tensas y el abuelo hablaba con Carmen sólo Io imprescindible1. Acudía a la casa de Río de Oro (que era suya, del abuelo) una vez al mes, a buscar a Fede, en teoría para llevarlo a merendar, en realidad para controlar sus calificaciones escolares. Al principio, esas meriendas 5 eran muy dolorosas; las notas de Fede eran malas, incluso pésimas, y el abuelo, al confrontarlas, se sumía en un mutismo acusador hasta que Io devolvía a casa. Pero Fede pronto espabiló y las últimas meriendas fueron distendidas, casi cordiales. En una ocasión en que Fede obtuvo tres Excelentes, uno de ellos en Matemáticas, el abuelo Io felicitó y hasta le dio una palmadita amistosa en el hombro. Esa noche, al 10 volver a casa, Fede tuvo una escena con su madre. Lo recibió furibunda. La habían convocado con urgencia al colegio de Fede para comunicarle que su hijo llevaba tres meses suspendiendo todas las asignaturas2 y faltando a la mitad de las clases. Su madre estaba disgustada, pero también preocupada, porque para ella la educación tenía una importancia desmedida. Quizá 15 porque dejó la escuela a los catorce años, tenía ilusión en que Fede estudiara una carrera universitaria y fuera médico, abogado, arquitecto, o algo igualmente estúpido pero respetable, que ostentara un título que le permitiera mirar de frente y sin cohibirse3 a seres campanudos y solemnes como su propio abuelo. Pero no era sólo el futuro de Fede Io que peligraba; también la subvención mensual del abuelo. Esa 20 noche Fede compadeció a su madre. La vio tan apurada, que casi deseó haber estudiado. -¿Pero por qué Io has hecho? -le preguntó su madre una y otra vez-. ¿Por qué nos has mentido? ¡Con Io feliz que me sentía por tus buenas notas! Y resulta que las has falsificado... 25 Se sintió muy culpable, pero al tiempo extrañamente complacido, incluso halagado4. No esperaba ese interés, le sorprendía que su madre se preocupara por él. No supo qué decirle. Bajó los ojos para esquivar la mirada de reproche de su madre y notó cómo se le enrojecía el rostro. Empezó a aducir, a media voz, que no estaba a gusto en ese colegio de curas, para niños pijos5, «es que yo... Nosotros somos modernos, 30 mamá, preferiría ir al instituto», argumentó. Le explicó a su madre, despacio y con