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Un cuento de Reyes Desde pequeña había recibido, cada mañana de Reyes1, todos los regalos que había pedido en la carta y otros muchos que no había pedido. Una Nancy2 distinta cada año, una enorme casa de muñecas completamente amueblada, un caballito balancín, un juego de cocinitas. Cuando se hizo
Un cuento de Reyes Desde pequeña había recibido, cada mañana de Reyes1, todos los regalos que había pedido en la carta y otros muchos que no había pedido. Una Nancy2 distinta cada año, una enorme casa de muñecas completamente amueblada, un caballito balancín, un juego de cocinitas. Cuando se hizo más mayor y no escribía 5 cartas le regalaron un coche, y cuando acabó la carrera3, un apartamento. Años más tarde los Reyes le trajeron un marido ingeniero, un bonito chalet en zona residencial, un televisor de plasma, un todoterreno y un perro de raza. Sólo le faltaban dos niños rubios de ojos azules. Como le hacía tanta ilusión4 que nacieran el día de Reyes, se hizo la 10 inseminación artificial en mayo, y más adelante, mediante el pago de una sustanciosa cantidad a su obstetra5, se aseguró de que le hiciera la cesárea el 6 de enero. A los dos niños que nacieron los llamó : Reyes, a la niña, y Melchor Gaspar Baltasar al niño. Hasta los cuatro años los niños no entendían muy bien el concepto de 15 Navidad o de Reyes y no apreciaban los enormes montones de regalos que se amontonaban bajo el árbol de Navidad. Pero desde que los niños aprendieron a pedir cosas, su mamá se esforzó diligentemente en explicarles lo que significaba la festividad y los montones de regalos que podrían pedir en la carta que ella redactaría para ellos, al dictado. 20 Aquella mañana de enero los niños se encontraron con tantos regalos que no sabían qué hacer con ellos. Reyes descabezó6 a varias muñecas, le cortó el pelo a otras y jugó con el perro de raza a tirar de la más cara, que acabó despedazada. Melchor se cargó la consola infantil con un martillo, desperdigó las piezas del juego de construcciones por todo el jardín hasta que no hubo forma de encontrarlas, y 25 despeñó el mini todoterreno teledirigido por un terraplén. Ambos niños destrozaron a dúo los libros de ilustraciones, rasgando hojas y hojas con denodado entusiasmo, y después pintarrajearon los restos de los libros con la pintura de dedos, que extendieron de paso por sofás y cortinas, hasta que no quedó en un solo bote resto alguno de contenido. Desmontaron minuciosamente el ordenador portátil para niños 30 e inutilizaron al robot de precisión después de meterlo en la lavadora. Entonces encontraron un plástico de embalar, de esos