Aperçu du sujet
Una memoria prodigiosa Don Sebastián, el maestro, me recibió sentado en la silla. Iba vestido con su traje negro, la camisa azul, corbata del mismor color, estrecha y con el nudo pequeño. Cuando entré me saludó muy atentamente, con una sonrisa como si fuera una persona mayor: - Buenos días,
Una memoria prodigiosa Don Sebastián, el maestro, me recibió sentado en la silla. Iba vestido con su traje negro, la camisa azul, corbata del mismor color, estrecha y con el nudo pequeño. Cuando entré me saludó muy atentamente, con una sonrisa como si fuera una persona mayor: - Buenos días, señor Albión… 5 Después se puso en pie. Como cojeaba1 de una pierna, se sujetó con las manos en la mesa y, dirigiéndose al resto de la clase, dijio: - El nuevo alumno se llama Pablo Albión. - Buenos días, señor Pablo… -contestaron todos a una. - Señor Albión, busque un pupitre libre y siéntese. 10 Me costó unos días adaptarme a mis compañeros. Lo primero que aprendí fue a formar en el patio de la escuela y a cantar el Cara al Sol2 cada mañana antes de entrar a clase. Los chicos nos colocábamos a un lado y las chicas a otro, separados por unos metros. Cantábamos de cara a la bandera que estaba justo al lado de la puerta de entrada de la escuela. 15 El primer día de clase, el maestro me hizo copiar la letra de la canción y aprendérmela de memoria, cosa que hice en pocos minutos. Cuando ya me la sabía, me levanté del pupitre. La clase estaba en silencio y el maestro me miró con cara sorprendida: - ¿Qué le pasa, señor Albión? Temblaba de miedo y con la voz ahogada le dije: 20 - Ya me la sé. - ¡Alto y claro! Venga, acérquese. Si he entendido bien, ¿dice que ya se sabe la canción? ¡Vaya, hombre! No puede ser si sólo ha tenido tiempo de leerla una vez. Yo asentí con la cabeza. El maestro me dijo: - Adelante, le estamos esperando. 25 La recité sin cantarla, de carrerilla3, y creo que esto impresionó mucho al maestro y a todos los alumnos porque, según oí decir, muchos se sabían la letra porque la cantaban. El hombre se quedó sorprendido. - Muchacho, usted ya sabía la letra. Todo el mundo la sabe. No me engañe. Un engaño así no lo consiento. 30 - No. No, señor… Antes no la sabía. - ¿Qué trata de decirme? ¿Qué leyéndola una sola vez ya se la sabe de memoria? Toda la clase estalló en una carcajada4. Cuando me di cuenta de que se burlaban de mí, me entraron ganas de llorar. El maestro, al advertirlo,