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Parece ser que aquel puesto de trabajo que encontró Marcos en el periódico era lo mejor de entre lo mejor. De hecho, se reunieron mil siete personas, sin contar niños y ancia- nos, para participar en las pruebas previas a la preselección. Tras un test psicotécnico que describió alma y
Parece ser que aquel puesto de trabajo que encontró Marcos en el periódico era lo mejor de entre lo mejor. De hecho, se reunieron mil siete personas, sin contar niños y ancia- nos, para participar en las pruebas previas a la preselección. Tras un test psicotécnico que describió alma y entrañas de cada uno de los candidatos, eligieron setecientas para la, to- 5 davía, preselección. Acto seguido, mediante un examen de nueve horas y cuarto, quedaron fuera otras trescientas personas (cuarenta y dos por selección natural). Pasada la preselec- ción, llegó la postselección: dinámicas de grupo. Alcanzaron doscientos la selección en sí (dos entrevistas de doce y catorce minutos), y eligieron a cuarenta y cuatro para los cincuen- ta puestos que hacían falta. Casi todas las pruebas se hicieron con seriedad. 10 Marcos era uno de los Cuarenta Y Cuatro. Los nuevos trabajadores hicieron un curso de doce horas para hacerse cargo de has- ta el más mínimo detalle de sus puestos de trabajo. Las doce horas las hicieron en un mismo día, un viernes; en dos agradables tandas de seis horas cada una, eso sí. Algunos de entre los Cuarenta Y Cuatro dijeron que habían aprendido más aquel día que en toda la carrera. 15 Marcos se angustió1. El lunes siguiente, Marcos cogió el tren a las seis de la mañana. [….] Entró con cinco ojos2 en las oficinas. Una chica que no volvería a ver después de aquel día le enseñó su or- denador. Era una habitación sin ventanas, caldeada por diez personas más. Estuvo unos trece minutos sin saber qué hacer, hasta que un personaje empezó a sacudirle la mano. Era 20 una especie de jefe de sección y lo único que le faltaba para ser la persona más perfecta del mundo era estar muerto o, por lo menos, herido de guerra. Necesitó siete minutos y algunos segundos para explicarle a Marcos lo que iba a hacer en los próximos seis meses. En el ordenador apareció una tabla3 bastante fea. Marcos se angustió por segunda vez. La Especie de Jefe de Sección le pasó unos cuantos deca- 25 gramos de fotocopias. El trabajo era pasar los datos4 de las fotocopias a la tabla del ordena- dor. Tenía que estar pasando datos ocho horas al día –nueve si se retrasaba–; cuarenta horas a la semana –cuarenta y cinco si se retrasaba-; tantas al mes y tantas, por supuesto,