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Documento 1 La narradora, Patricia, es modelo en una agencia. Antonio Magistrelli, el presidente de la empresa era encantador. Al principio de entrar en la agencia de modelos llegué a pensar que se había enamorado de mí. Me sonreía de una forma que creía que era solo para mí, con
Documento 1 La narradora, Patricia, es modelo en una agencia. Antonio Magistrelli, el presidente de la empresa era encantador. Al principio de entrar en la agencia de modelos llegué a pensar que se había enamorado de mí. Me sonreía de una forma que creía que era solo para mí, con una comprensión que 5 creía solo para mí; parecía que me protegería ante la adversidad, que me defendería ante cualquiera que deseara atacar mi trabajo. Me llenaba de euforia cuando me invitaba a comer o a las fiestas de alto copete1. Mostrarse en público a su lado era como estar a la diestra del padre, todo el mundo me respetaba inmediatamente de una manera exagerada. Los diseñadores se fijaban en mí solo porque antes se 10 había fijado Antonio. Su despacho era famoso por no albergar un solo papel, solo ordenadores, una pantalla gigante y fotos de chicas y chicos. […] Algunos decían que era un genio negociando y a mí alguna vez también me lo había parecido. […] –¿Qué tal están Karim y su esposa?– preguntó nada más verme entrar en su despacho, al día siguiente de mi ajetreado viaje de Nueva Delhi. 15 Todo había ido bien. Por supuesto no le conté que casi nos estrellamos2 en el viaje de vuelta porque a Antonio le aburrían las pequeñeces y las anécdotas, le distraían de los grandes planes que tenía en la cabeza para todos nosotros. […] –Bien. Tengo mucho que hacer. Tienes un nuevo desfile en Berlín, un pase3 privado muy importante. Si les gustas, te llevarán a Nueva York. Ya sabes que el trabajo no 20 está como hace dos años, ahora hay que pelearlo todo con uñas y dientes4. Irina os acompañará a Manuela y a ti y os dará todos los detalles. […] Un coche nos recogió a Manuela y a mí en el aeropuerto de Berlín. Íbamos directamente a la pasarela. Por las ventanillas desfilaba toda la nieve del mundo. Irina había llegado en un vuelo anterior para prepararlo todo y nos había advertido 25 de que por mucho frío que hiciese no se nos ocurriera llevar unas de esas botas enormes forradas de piel de cordero porque quizá alguien nos fotografiase al bajar del avión o al entrar en el hotel, en cuyo caso debíamos parecer modelos y no leñadoras5. Una modelo, en cuanto sale de su casa, ya está en una pasarela,