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Documento N°1 Antes, las señoras gordas salían en bata y rulos1, por la mañana bien temprano, a fregar la acera2. La limpieza de las aceras era el contexto en el cual se propagaban datos como “la hija de Matilde está embarazada”, “María ha echado a su marido de casa porque
Documento N°1 Antes, las señoras gordas salían en bata y rulos1, por la mañana bien temprano, a fregar la acera2. La limpieza de las aceras era el contexto en el cual se propagaban datos como “la hija de Matilde está embarazada”, “María ha echado a su marido de casa porque lo ha pillado3 con otra”, o “el hijo de la Claudia ha cortado 5 con su novia, justo ahora cuando faltaban dos meses para casarse”. Además podían oírse cosas como “has visto que Carlos tiene un herpes,” o “el hijo del panadero ha vuelto a quedarse sin trabajo”. Las redes sociales sirven, como dice una amiga mía, para acercar a los que están lejos y alejar a los que están cerca. Y, en muchos casos, en vez de facilitar la 10 comunicación, la limitan. ¿Para qué llamar a ese viejo amigo, si me puedo enterar4 de su vida a través de su estatus en Facebook, su blog o su último tweet? La comunicación electrónica ha hecho que perdamos el romanticismo del papel. Antes, recibir la correspondencia consistía en recoger un puñado de sobres del buzón5, clasificarlos, separar las cartas de las facturas y las promociones, abrir 15 las que realmente nos interesaban o nos servían, y tirar el resto a la basura. Cada papel tenía su propio encanto: la ligereza del papel de las cartas que venían del extranjero, la aspereza del resumen de la tarjeta de crédito, la “ventanita” de celofán en la factura de la luz. Desde que existen los medios electrónicos, todas las “cartas” parecen iguales: 20 iconitos con forma de sobre en el Outlook, que ya no se abren con un abrecartas – o desgarrando el sobre salvajemente – sino a punta de ratón, con todo el esfuerzo que un doble clic puede demandar. El grito de guerra “carta del primo Alfredo, el que se fue a vivir a Inglaterra, se ha reducido a un lacónico “tienes una actualización en Facebook sobre la salud de Alfredo Mangiapasta”. 25 Antes, las señoras gordas salían a fregar la acera no solo por una cuestión de higiene, sino para enterarse de los chismes6. Hoy prefieren enterarse de que “Carlos está en una relación con Laurita”. Juan Faerman, Faceboom, 2009 1 En bata y rulos : en robe de chambre et bigoudis 2 Fregar la acera : laver le trottoir 3 Pillar : surprendre 4 Enterarse de : s’informer de,