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Documento 1 Maya, la narradora, es una joven estadounidense de origen chileno. Acaba de llegar a Chiloé, una isla del sur de Chile. Vive en casa de Manuel Arias, un amigo de su abuela. Descubre el sistema de trueque1 que existe entre los habitantes de la isla. Las clases comenzaron
Documento 1 Maya, la narradora, es una joven estadounidense de origen chileno. Acaba de llegar a Chiloé, una isla del sur de Chile. Vive en casa de Manuel Arias, un amigo de su abuela. Descubre el sistema de trueque1 que existe entre los habitantes de la isla. Las clases comenzaron hace varias semanas y ahora tengo empleo de maestra, pero 5 sin sueldo2. Voy a pagarle mi hospedaje a Manuel Arias mediante una complicada fórmula de trueque. Yo trabajo en la escuela y la tía Blanca, en vez de pagarme directamente, le retribuye a Manuel Arias con leña, papel de escribir, gasolina, licor de oro y otras amenidades3, como películas que no se exhiben en el pueblo por falta de subtítulos en español o porque son “repelentes4”. 10 El trueque es parte esencial de la economía en estas islas, se cambian pescados por papas5, pan por madera, pollos por conejos, y muchos servicios se pagan con productos. El doctor lampiño de la lancha no cobra6, porque es del Servicio Nacional de Salud, pero igual sus pacientes le pagan con gallinas o tejidos. Nadie pone precio a las cosas, pero todos saben el valor justo y llevan la cuenta en la memoria. El sistema fluye con 15 elegancia, no se menciona la deuda, lo que se da, ni lo que se recibe. Quien7 no ha nacido aquí jamás podría dominar la complejidad y sutileza del trueque, pero he aprendido a retribuir las infinitas tazas de mate y té que me ofrecen en el pueblo. Al principio no sabía cómo hacerlo, porque nunca he sido tan pobre como soy ahora, ni siquiera cuando era mendiga, pero me di cuenta de que los vecinos8 agradecen que yo 20 entretenga a los niños o ayude a doña Lucinda a teñir y ovillar su lana. Doña Lucinda es tan anciana que ya nadie recuerda a qué familia pertenece y la cuidan por turnos; es la tatarabuela de la isla y sigue activa, romanceando las papas y vendiendo lana. No es indispensable pagar el favor directamente al acreedor9, se puede hacer una carambola10, como la de Blanca y Manuel con mi trabajo en la escuela. A veces la 25 carambola es doble o triple: Liliana Treviño le consigue glucosamina para la artritis a Eduvigis Corrales, quien le teje calcetas de lana a Manuel Arias y éste canjea11 sus ejemplares del National Geographic por revistas femeninas en