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Documento 1 Me dicen que hablar es una práctica demodé. Y es posible, hay que mirar de frente al teléfono y reconocer que sólo suena cuando llaman los padres, los jefes o sus secretarias y los operadores de telemarketing. Punto. Desde 2009 las operadoras telefónicas comenzaron a reportar el crecimiento
Documento 1 Me dicen que hablar es una práctica demodé. Y es posible, hay que mirar de frente al teléfono y reconocer que sólo suena cuando llaman los padres, los jefes o sus secretarias y los operadores de telemarketing. Punto. Desde 2009 las operadoras telefónicas comenzaron a reportar el crecimiento del tráfico de cualquier tipo de 5 datos, excepto los de voz. En concreto, Yoigo1, la cuarta de España, señala que la mitad de sus clientes usa más el teléfono para navegar que para hablar. Y los resultados de un informe de la consultora JD Powers & Associates, cuyos autores observaron la actividad de cientos de teléfonos móviles durante 48 horas comprobaron que, efectivamente, hablar era lo de menos. El resto de las 10 prestaciones del teléfono se usaban cuatro veces más. ¿Quién llama y quién osa devolver las llamadas? ¿Para qué? Todo son riesgos. En ocasiones, la voz tiembla; las palabras se atragantan; la respiración traiciona; los silencios son demasiado elocuentes. Se consume tiempo. […] En teoría, los hipocondríacos no llaman para mantener el teléfono alejado del cuerpo 15 los centímetros que manda la OMS2, y los sensatos, para ahorrar3. Pero lo que realmente importa es que hablar ha adquirido connotaciones insospechadas. Se considera invasivo, inoportuno o mucho peor, demasiado comprometido. La gente hace cualquier cosa por sacarse una llamada de encima. Incluso calcula hábilmente llamar cuando del otro lado hay garantías de no respuesta al tiempo que se deja el 20 rastro elegante de una llamada perdida. Pregunto a Isabel Larraburu, una psicóloga que se mueve en el novísimo mundo de las manías que vamos adquiriendo los sujetos expuestos a la vida digital, ¿es que ahora somos de no hablar por teléfono? Isabel cree que, por un lado, prima la economía del tiempo. "Un SMS o un what's App4 ahorran el saludo, la introducción 25 del tema, y la intromisión en la vida del otro. Un mensaje es una comunicación diferida, breve y telegráfica, permite ir al grano5 sin sentirse maleducado". […] Y sí, esta psicóloga acepta que hablar es peligroso. "Una llamada puede delatar si te acabas de despertar, si estás en casa con amigos y te has bebido una copa, si has llorado o si estás impaciente por terminar la conversación. Muestra mucho más de 30 uno mismo". Mis amigos reconocen que ahora más que nunca se dan el lujo de no contestar en esos raros