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DOCUMENTO A Pájaros en la cabeza David Martín, el narrador, vive en la Barcelona de los años 20. Vivíamos en un pequeño ático1. Era un lugar frío y angosto en el que el viento y la humedad parecían burlar los muros. Fui un niño débil y enfermizo, propenso a fiebres
DOCUMENTO A Pájaros en la cabeza David Martín, el narrador, vive en la Barcelona de los años 20. Vivíamos en un pequeño ático1. Era un lugar frío y angosto en el que el viento y la humedad parecían burlar los muros. Fui un niño débil y enfermizo, propenso a fiebres e infecciones que me arrastraban al borde de la tumba pero que, a última hora, siempre se arrepentían2. 5 Ya en aquellos tiempos mis únicos amigos estaban hechos de papel y tinta3. En la escuela había aprendido a leer y a escribir mucho antes que los demás críos4 del barrio. Donde mis compañeros veían muescas de tinta en páginas incomprensibles yo veía luz, calles y gentes. Las palabras me fascinaban y me parecían una llave con la que abrir un mundo infinito. A mi padre no le gustaba ver 10 libros por casa. Había algo en ellos, además de letras que no podía descifrar, que le ofendía. Me decía que en cuanto tuviese diez años me iba a poner a trabajar y que más me valía quitarme todos aquellos pájaros de la cabeza porque de lo contrario iba a acabar siendo un desgraciado5 y un muerto de hambre. Yo escondía los libros debajo de mi colchón y esperaba a que él hubiera salido o estuviese dormido para 15 poder leer. En una ocasión me sorprendió leyendo y montó en cólera. Me arrancó el libro y lo tiró por la ventana. -Si vuelvo a encontrarte gastando luz para leer esas bobadas6 te arrepentirás. Mi padre no era un hombre tacaño, y pese a las penurias que pasábamos, 20 cuando podía me soltaba unas monedas para que me comprase dulces como los 1 un ático: appartement situé au dernier étage. 2 se arrepentían: ici, reculaient. 3 la tinta: l’encre. 4 los críos = los niños. 5 un desgraciado: un malheureux. 6 una bobada: une bêtise. Page 2 sur 8 ESTENC1LV1 demás críos del barrio. Él estaba convencido de que las gastaba en palos de regaliz, pipas o caramelos, pero yo las guardaba en una lata de café debajo de la cama, y cuando había reunido cuatro o cinco reales7, corría a comprarme un libro sin que él lo supiese. 25 Mi lugar favorito en toda la ciudad era la librería Sempere e Hijos en la calle Santa Ana. Aquel lugar que olía a papel viejo y a polvo era mi santuario y