Aperçu du sujet
Documento 1 ¿Y cuándo vamos a estudiar? La escena pasa en diciembre de 1941 en el internado de un colegio de Zabalbide, en el País Vasco. Siete meses antes, cuando el tren se detuvo en la estación de Bilbao, Isabel había percibido algo muy extraño. Era humedad1, una compañía desconocida
Documento 1 ¿Y cuándo vamos a estudiar? La escena pasa en diciembre de 1941 en el internado de un colegio de Zabalbide, en el País Vasco. Siete meses antes, cuando el tren se detuvo en la estación de Bilbao, Isabel había percibido algo muy extraño. Era humedad1, una compañía desconocida para una niña que nunca había respirado más aire que el de Madrid, tan fino que cortaba como un cuchillo. También era raro el cielo, blanquecino y sedoso como la panza de un burro, 5 y rara la ciudad desde la ventanilla del autobús, la ría, las chimeneas que echaban humo a lo lejos, las calles estrechas, sombrías, diferentes a las de su ciudad. Pero el colegio, un edificio de ladrillo rojo, grande como un palacio y rodeado por un jardín de árboles frondosos que ocupaba una manzana2 entera, le encantó. Lo había imaginado exactamente así, y sin embargo, la realidad empezó a desmentir sus expectativas3 10 apenas hubo traspasado la monumental puerta de Zabalbide. […] El dormitorio era una habitación muy grande, sin calefacción, a la que dos hileras de camas metálicas daban la apariencia de una sala de hospital. Sobre cada colchón había un juego de sábanas, una almohada y una manta. La monja4 que las estaba esperando les ordenó que hicieran sus camas antes de ir a cenar. […] 15 —Todas las alumnas de San Ignacio de Loyola hacen tres turnos, ¿entendido? […] Ninguna se atrevió a contestar, y la hermana Raimunda asintió con la cabeza. Ahora dará una palmada, pensó Isabel, o dos, o tres, y dirá que venga, que rápido, que a qué estamos esperando... 20 —Hermana —por eso dio un paso hacia delante, levantó la mano, carraspeó para afianzar su voz—. ¿Y cuándo vamos a estudiar? —Después. Las niñas de Zabalbide lavaban, tendían y planchaban los manteles5 del café Arriaga, toda la ropa blanca del hotel Excélsior, y las sábanas, las camisas y la ropa 25 interior de los profesores y alumnos de un internado masculino de la compañía de Jesús. No recibían por su trabajo ni un céntimo del precio que la congregación cobraba a sus clientes, ni más educación que la que les brindaba la lectura de vidas de santos que escuchaban en silencio durante la última hora de la tarde, sentadas en unos pupitres donde no había nada más que una labor de costura. Almudena Grandes, Las tres bodas de Manolita,