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Documento 1 El hombre y la selva La pareja, Antonio José Bolívar Proaño y su mujer, había oído hablar de un plan de colonización de la Amazonía peruana. Cerraron la casa y emprendieron el viaje. Llegar hasta el puerto fluvial de El Dorado les llevó dos semanas. Hicieron algunos tramos
Documento 1 El hombre y la selva La pareja, Antonio José Bolívar Proaño y su mujer, había oído hablar de un plan de colonización de la Amazonía peruana. Cerraron la casa y emprendieron el viaje. Llegar hasta el puerto fluvial de El Dorado les llevó dos semanas. Hicieron algunos tramos en bus, otros en camión, otros simplemente caminando. […] Luego de otra semana de viaje, esta vez en canoa, con los miembros agarrotados1 por la falta de movimiento arribaron a un recodo del río. Eso era El Idilio. 5 Ahí, tras un breve trámite, les entregaron un papel pomposamente sellado que los acreditaba como colonos. Les asignaron dos hectáreas de selva, un par de machetes, una palas, unos costales de semillas devoradas por el gorgojo2 y la promesa de un apoyo técnico que no llegaría jamás. La pareja se dio la tarea de construir precariamente una choza3, y enseguida se 10 lanzaron a desbrozar el monte. Trabajando desde el alba hasta el atardecer arrancaban4 un árbol, unas lianas, unas plantas, y al amanecer del día siguiente las veían crecer5 de nuevo, con vigor vengativo. Al llegar la primera estación de lluvias, se les terminaron las provisiones y no sabían qué hacer. Algunos colonos tenían armas, viejas escopetas, pero los animales del 15 monte eran rápidos y astutos. Los mismos peces del río parecían burlarse saltando frente a ellos sin dejarse atrapar. […] Empezaron a morir los primeros colonos. Unos, por comer frutas desconocidas; otros, desaparecían por fiebres rápidas y fulminantes. Se sentían perdidos, en una estéril lucha con la lluvia que en cada arremetida 20 amenazaba con llevarles la choza, con los mosquitos que en cada pausa del aguacero atacaban con ferocidad imparable, […] hasta que la salvación les vino con el aparecimiento de unos hombres semidesnudos, de rostros pintados con pulpa de achiote y adornos multicolores en las cabezas y en los brazos. Eran los shuar6, que, compadecidos7, se acercaban a echarles una mano. 25 De ellos aprendieron a cazar, a pescar, a levantar chozas estables y resistentes a los vendavales, a reconocer los frutos comestibles y los venenosos, y sobre todo, de ellos aprendieron el arte de convivir con la selva. Luis SEPÚLVEDA, Un viejo que leía novelas de amor, 1989 1 Agarrotados: engourdis 2 El gorgojo = un insecto devastador 3 Una choza: une cabane 4 Arrancar: arracher 5 Crecer: pousser 6 Los shuar = pueblo indígena