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Document 1 Joaquín Sorolla, La hora del baño (óleo sobre lienzo, 84 cm x 119 cm), 1904 [Colección particular] Document 2 La primavera besaba La primavera besaba suavemente la arboleda, y el verde nuevo brotaba1 como una verde humareda2. 5 Las nubes iban pasando sobre el campo juvenil... Yo vi
Document 1 Joaquín Sorolla, La hora del baño (óleo sobre lienzo, 84 cm x 119 cm), 1904 [Colección particular] Document 2 La primavera besaba La primavera besaba suavemente la arboleda, y el verde nuevo brotaba1 como una verde humareda2. 5 Las nubes iban pasando sobre el campo juvenil... Yo vi en las hojas temblando las frescas lluvias de abril. 2 Bajo ese almendro3 florido, 10 todo cargado de flor —recordé—, yo he maldecido mi juventud sin amor. Hoy, en mitad de la vida, me he parado a meditar... 15 ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar! Antonio Machado, Soledades, Galerías. Otros poemas, 1907. _______________ 1- Brotar = crecer 2- Una humareda = una nube de humo 3- El almendro = un amandier Document 3 El tiempo acaba siempre borrando las heridas. El tiempo es una lluvia paciente y amarilla que apaga poco a poco los fuegos más violentos. Pero hay hogueras que arden bajo la tierra, grietas de la memoria1 tan secas y profundas que ni siquiera el diluvio de la muerte bastaría tal vez para borrarlas. Uno trata de acostumbrarse a convivir con ellas, amontona 5 silencios y óxido encima del recuerdo y, cuando cree ya todo lo ha olvidado, basta una simple carta, una fotografía, para que salte en mil pedazos la lámina de hielo2 del olvido. […] Lentamente, las horas van pasando y la lluvia amarilla va borrando la sombra del tejado de Bescós y el círculo infinito de la luna. Es la misma de todos los otoños. La misma que sepulta las casas y las tumbas. La que envejece a los hombres. La que destruye poco a poco 10 sus rostros y sus cartas y sus fotografías. La misma que una noche, junto al río, entró en mi alma para no volver ya nunca a abandonarme el resto de los días de mi vida. Día a día, en efecto, a partir de aquella noche junto al río, la lluvia ha ido anegando3 mi memoria y tiñendo mi mirada de amarillo. No sólo mi mirada. Las montañas también. Y las casas. Y el cielo. Y los recuerdos que, de ellos, aún siguen suspendidos. Lentamente, al 15 principio, y, luego ya, al ritmo en que los días pasaban por mi vida, todo a mi alrededor se ha 3 ido tiñendo de amarillo como si la mirada no fuera más que la memoria del paisaje y el paisaje